Busca un espacio tranquilo.
Siéntate cómodamente, cierra los ojos y respira profundamente unas cuantas veces. Permite que tu cuerpo se relaje.
Imagina que mamá está parada frente a vos, en el presente o en algún momento de tu vida en que recuerdes su amor, su presencia o incluso un momento difícil.
Con suavidad, di para vos misma/o: “Querida mamá, reconozco tu lugar como mi madre. Eres la primera, yo soy la pequeña/o. Hoy te agradezco la vida que me diste.”
Permítete decir, en silencio o en voz alta, cualquier cosa que sientas en este momento. Si sientes amor, dilo. Si hay dolor o tristeza, también permítete expresarlo sin juzgarte.
Si sientes que hay algo que has estado cargando por mucho tiempo en tu relación con mamá, visualiza que lo pones en un paquete y se lo devuelves con amor, diciendo:
“Esto te pertenece a vos, con respeto y amor, yo lo dejo en tus manos.”
Cuando sientas que es el momento, visualiza cómo esta energía entre ustedes se suaviza. Si te nace, imagina que la abrazas o que ella te sonríe. Luego dile:
“Gracias mamá, por todo. Hoy decido estar en paz contigo y con lo que fue.”
Abre lentamente los ojos y tómate un momento para sentir la tranquilidad en tu corazón.
Contame como te fue en el ejercicio!!!
-Con amor, Paula