Busca un momento de intimidad, tomá papel y escribí sin filtros, sin pensarlo tanto:
¿A quién se parece la persona que más me ha dolido en el amor?
¿A quién estoy siendo leal cuando aguanto más de la cuenta?
Dejá que las respuestas salgan solas, aunque no sean “lógicas”.
Preguntate:
¿Estoy actuando como hija herida que espera amor?
¿O como una mujer adulta que puede elegir lo que merece?
Anotá lo que surja, aunque sea incómodo, no lo juzgues
Repetí internamente:
“Ahora puedo dar un paso más hacia lo que merezco.”
“Me quedo con el aprendizaje. Suelto el sufrimiento.”
El amor de pareja se vuelve más libre cuando ocupamos nuestro lugar.
Ese lugar no es el de la niña que suplica, ni el del salvadora
Es el de quien se reconoce completa, con lo vivido, y lista para elegir distinto.
Con amor, te leo!